17 marzo 2019

El adios de Handelsblatt Today


En 2014 el principal diario económico alemán, Handelsblatt, lanzó su edición global en inglés, con el objetivo de hacer oír la voz de la prensa económica alemana en el mundo. La edición del Handelsblatt en inglés, en parte traducción de textos de la edición alemana y otra parte con contenidos propios, de estilo anglosajón, tuvo una buena recepción entre lectores internacionales, pero en estos casi cinco años no fue capaz de encontrar el modelo de negocio que la hiciera viable.
 
Hace unas semanas, el actual director de Handelsblatt Today, Andreas Kluth, se despedía de los lectores  reflexionando sobre los aprendizajes que había extraído de la experiencia. Estas eran a modo de resumen algunas de sus conclusiones sobre las dificultades de su aventura periodística.

1.      La dificultad de pensar globalmente al contar historias desde una perspectiva local, con las dificultades añadidas de hacerlo en un idioma como el alemán:
 “I have come to a conclusion about cross-linguistic journalism. Quite simply, it is that journalism, probably like all forms of storytelling, cannot be “translated,” just as good jokes with good punchlines cannot be translated. You can try, of course, but the subject dies in the attempt. Whether the medium is text, video or sound, storytelling is always primarily about a relationship: that between the storyteller and his or her audience. This relationship breaks down when things are “lost in translation.” Good storytelling requires intimacy, and a shared vocabulary of references and tonalities, of attitudes and questions and presumptions. Good storytelling is of the audience, by the audience, for the audience”.

  2.      La importancia de las diferencias en los estilos y modos de hacer periodísticos en distintas tradiciones culturales:
We also became acutely aware of the deep-seated differences between German and Anglo-Saxon storytelling. Some of my German colleagues, naturally, have asked me what those are. But it’s a bit like asking about the difference between Hemingway and Faulkner. You can give an answer that is short but unsatisfying (Hemingway wrote shorter sentences). Or you could attempt an answer that is long and subtle. 

3.      La dificultad para convertir un buen producto periodístico, incluso respaldado por una marca reconocida, en un producto rentable
“If our only goal had been to bring the undistorted sound of the German voice to Anglophone audiences, Handelsblatt Today would be considered a success. We know this from you, our readers, who have been telling us so in your emails, in which you usually began by pointing out how you disagreed with everything we wrote, before gushing about how much you loved us and how you were passing us along to your in-laws, business partners and fellow board members. Our audience was never huge, but it was loyal, spread throughout the Anglophone world, and dedicated, often verging on evangelical. But of course we had to have another goal: to make money. And this is where we demonstrably failed, which led to our shutdown “for lack of a sustainable business model”.

4.      El desafío de convertir el valor del periodismo en un producto que pueda ser apreciado según las leyes del mercado:
 “Journalism resembles basic research in science: It is hard to price in the open market, but ultimately priceless in value. Etymologically and historically, journalism arose from the “journals” of well-heeled men and women of letters in the early modern era who wrote to their friends. In effect, those diaries were pre-internet blogs — free, and meant for a controlled audience, and for the most part an intellectual indulgence. Maybe this is our destiny once again”.
Ángel Arrese.

15 marzo 2019

¿Transparencia o claridad?





La transparencia está de moda. Todas las empresas y organizaciones sociales aspiran a ser transparentes. Anuncian a bombo y platillo el logro de esa transparencia como base de la confianza que son capaces de generar en la sociedad, entre sus clientes, proveedores, socios, etc. Declaraciones como éstas del banco sueco Klarna seguramente las firmaría cualquier institución: 
“The world today is complex and confusing enough. We’re not here to add to that. Being smoooth means being transparent and straightforward about how Klarna works, so you always know where you stand. That means being crystal clear about our products and their terms”. 
Hoy, quien no se declara “transparente” (crystal clear) y quien no remite a menudo a su “portal de transparencia”, está fuera de juego. La transparencia es también una de las medicinas más recetadas para solucionar algunos de los problemas más acuciantes que aquejan a las sociedades del siglo XXI. Esta misma semana, ante la preocupación creciente por las fake news –o más genéricamente, por la desinformación rampante en esta era de la información- la Unión Europea ha publicado un informe de expertos (Final report of the High Level Expert Group on Fake News and Online Disinformation) en el que se plantea un enfoque multidimensional para afrontar el problema de los bulos. Como no podía ser de otro modo, el primer remedio que se cita y analiza es la transparencia: “Enhance transparency of online news, involving an adequate and privacy-compliant sharing of data about the systems that enable their circulation online”. En las 44 páginas del informe, la expresión transparencia se utiliza en 80 ocasiones.

Sin embargo, como con tantos otros conceptos y expresiones de moda (buzzwords), el uso de la idea de transparencia y de sus cualidades casi milagrosas ha pasado a ser un caso de abuso. La “completa/total” transparencia a la que tantas veces aluden las empresas, organizaciones, partidos políticos, y actores de la vida pública en general, es una gigantesca ilusión. Es una gran mentira. Ese dejar ver completamente lo que hay al otro lado, propio de los cuerpos transparentes, no sólo es imposible entre instituciones humanas, sino que además es indeseable. La transparencia en las organizaciones es (y debe ser) siempre translúcida, entre otras cosas porque la completa desnudez es inabarcable. De hecho, en la actualidad –como ya hemos comentado en alguna otra ocasión en este blog, véase “Transparencia y opacidad”– no es extraño que la remisión a la transparencia sea un modo cada vez más habitual –y políticamente correcto- de evitar decir la verdad y explicar las cosas.

 “Todo está en la web, en nuestro portal de transparencia: vaya usted allí y se podrá informar de lo que desea saber (y que yo no le cuento)”. Por supuesto, casi nadie va a la web, y quien se acerca a ella con espíritu investigador se da cuenta que no está todo, ni mucho menos; de que la última vez que se actualizó fue hace tres años; que hay que ser un experto en el tema de que se trate para separar el grano de la paja; que hay tal exceso de información que habría que dedicar horas a descubrir lo que uno desea saber, etc., etc. Además, sucede que la transparencia casi en exclusiva se ha identificado con la fría publicación de datos, cuya capacidad expresiva, discursiva y explicativa está más que en duda en esta era de las métricas. Como señala Jerry Z. Muller (“The Metric God That Failed”), el culto a la transparencia forma parte de la engañosa lógica del imperio de lo cuantificable, que se apoya en dos principos centrales:
“The first holds that it is both possible and desirable to replace judgment – acquired through personal experience and talent – with numerical indicators of comparative performance based on standardized data. Second, making such metrics public and transparent ensures that institutions are held accountable. “
Hace unos días, Jesús Zorilla, gerente de Comunicación y Relaciones Externas de Volkswagen Navarra, explicaba a algunos alumnos en la Universidad que su función no era contribuir a que su empresa fuera más transparente, sino a que la empresa –ante sus clientes, proveedores, y ante la sociedad- fuera más clara. La claridad, frente a la transparencia, implica un esfuerzo de la organización –como lo implica también en nuestra vida personal- para determinar qué se puede y debe contar, y qué no, y para hacer explícita esa decisión. Supone también un gran esfuerzo de explicación, un compromiso con la verdad y la honestidad, que a menudo está ausente –o no tan presente- en los grandiosos ejercicios de transparencia que dejan que sean otros (clientes, ciudadanos, etc.) los que descubran las verdades sobre esas organizaciones que supuestamente se esconden en el “destape corporativo” que deciden llevar a cabo. En cierto modo, ser transparente –en el sentido que aquí comentamos- le exime a uno de ser claro.

Lo que hoy se necesita en nuestras sociedades hiperinformadas es más claridad y menos transparencia. O dicho de otro modo, lo que se necesita es la transparencia suficiente para que todo gane en claridad. Esa claridad, que surge de la iluminación de las cosas –de explicar su sentido-, tiene más que ver con la verdad que con la transparencia, y está más relacionada con el esfuerzo de discernimiento y la voluntad humana que con la capacidad tecnológica de registro, procesamiento y distribución de información. Jugando un poco con los conceptos y el lenguaje, y acudiendo a un oxímoron, bien se podría decir que lo que necesitan las organizaciones es optar por una “translucidez nítida”, que añada claridad y verdad a su función y a su comportamiento en la sociedad. Para ello, como comenta Charles Prow, alto directivo de IBM en “Drawing a Distinction between Transparency and Clarity”, es necesario reivindicar la claridad como uno de los objetivos fundamentales en el gobierno de las organizaciones: 
“Transparency is about ensuring that your inputs, processes and outcomes are visible to key stakeholders. (…) Clarity is about utilizing this information to reduce complexity and uncertainty, so that leaders and mangers can make the best decisions. (…) What our leaders need to lead is clarity. It involves taking information and analysis and applying it to your goals to define a clear path forward. (…) While transparency is an important way to communicate with citizens and stakeholders, it does not, in and of itself, provide clarity. Transparency should help make the right data available, but the availability of data is only the first step to more effective decisions and actions”.

“Clear is the new clever”: con esta expresión redonda, más propia de un creativo publicitario que de un directivo de empresa, explicaba Jill Dumain, responsable de la estrategia sostenible de Patagonia, la manera que tiene su empresa de entender la rendición de cuentas en la era de la transparencia. Patagonia es una de las empresas protagonistas del documental The Naked Brand, en el que la tensión entre transparencia y claridad es uno de los temas centrales. Un buen film para quien desee seguir reflexionando sobre este tema.

Publicado originalmente por Ángel Arrese en EYH

La sociedad satírica


Elon Musk es seguramente el empresario más popular y mediático del planeta en la actualidad. Sus grandes proyectos en Tesla para revolucionar el mercado del automóvil, sus no menos impresionantes sueños espaciales, o sus ideas para transformar las infraestructuras de transportes en las grandes ciudades están atrayendo la atención de periodistas, inversores y políticos. Musk es además todo un personaje; un empresario atípico, con toques extravagantes y una enorme capacidad de desconcierto. Es sin duda un visionario, un provocador nato, y a menudo hace gala de un humor negro un tano macabro (como cuando dijo que tenía planes para conquistar Marte, pero que él no iría en las primeras expediciones, ya que quería ver crecer a sus hijos). Por todo ello, no podía pasar inadvertida una de sus últimas aventuras –no se sabe muy bien hasta qué punto seria o no-, centrada en la creación de un negocio informativo basado en contenidos humorísticos, satíricos, etc. De hecho, sus declaraciones a Daily Beast sobre el particular dieron la vuelta al mundo. Musk afirmaba: “It’s pretty obvious that comedy is the next frontier after electric vehicles, space exploration, and brain-computer interfaces”. Los expertos todavía debaten si la afirmación era una broma más del fundador del Tesla, o tras ella había algo más serio.
Broma o no, lo cierto es que esa idea de la comedia como “the next frontier” (o quizá, mejor, “the current frontier”) da que pensar. Y da que pensar sobre todo cuando hace referencia a su expansión en el ámbito de las noticias, de la información y de la reflexión sobre los temas de la actualidad, en torno a los asuntos de interés público. Sin entrar en disquisiciones literarias que requerirían diferenciar entre la comedia, la parodia, la sátira, etc., es una realidad que los géneros humorísticos aplicados a la información, y sobre todo a la crítica social y política, son cada vez más populares entre los ciudadanos del siglo XXI. Y son también cada vez más influyentes en la vida pública. No hay más que ver qué está pasando con el mundo de las noticias en televisión.
Aunque los denominados programas satíricos de noticias son antiguos –algunos tan veteranos y populares como los guiñoles en Francia y España, o el Saturday Night Live estadounidense-, en los últimos años su número se ha multiplicado en muchísimos lugares. Un repaso a la Lista de programas satíricos de noticias por países, según la Wikipedia, muestra a las claras esa tendencia. Los Estados Unidos han marcado el camino con la enorme influencia en la creación de opinión pública –tanto a favor, como en contra de ciertas posturas- de personajes como Jon Stewart, Stephen Colbert, John Oliver o Trevor Noah, entre otros muchos. Pero el fenómeno es global. En España, un programa como El Intermedio –dirigido por el Gran Wyoming- triunfa entre los jóvenes y es percibido como uno de los programas de más calidad, según un estudio reciente llevado a cabo por IC Media sobre la confianza de los contenidos televisivos. También ha dado la vuelta al mundo la historia de Bassem Youssef, el cirujano que en medio de la revolución egipcia de 2011 creó el programa Al Bernameng, convirtiéndose en el azote del gobierno y cosechando un éxito desconocido hasta entonces en aquel país (su historia se llevó el año pasado a la gran pantalla en el documental Tickling Giants).
Por supuesto, el humor, la sátira y la parodia han sido siempre formas fundamentales de ejercer la crítica social y política, y en muchos casos –como en el de Bassem Youssef- han supuesto casi la única manera efectiva de llevarla a cabo, cuando formas más “serias” de crítica quizá estaban limitadas o prohibidas (por la presión social, por la censura, por cuestiones culturales, etc.). En ese sentido, se puede pensar que la generalización de la sátira y su creciente influencia en la vida pública es un fenómeno sano, ya que desdramatiza muchos de los temas de actualidad y alcanza a casi cualquier ámbito del poder y del establishment social, cultural, religioso, etc. Además, se suele argumentar, es una forma de hacer “interesantes” los temas de actualidad, que de otra forma (sin un fuerte aderezo humorístico) no apelarían a los ciudadanos, y en especial a los más jóvenes, cada vez más desconectados de la vida pública. Sin embargo, esta ‘sociedad satírica’, en su conjunto, presenta no pocos rasgos realmente preocupantes, sobre los que habría que reflexionar.
El acercamiento satírico a muchos de los temas de actualidad, cuando se convierte en modo fundamental de acceso a ella –como muchas veces sucede con los temas políticos y sociales del día a día- es muy disfuncional.
Por un lado, es fácil que la inercia humorística lleve a sobrepasar límites que nunca deberían traspasarse –caso de la ofensa gratuita-, y que tienen consecuencias indeseables en sociedades como las nuestras, en las que desgraciadamente no hay un acuerdo básico sobre principios morales fundamentales. El objetivo de la sátira –que en el ámbito periodístico suele ser el de confortar a los afligidos y afligir a los poderosos, o de forma más genérica, la reforma moral de la sociedad- no es fácil de alcanzar cuando no hay coincidencia entre lo que unos y otros piensan sobre lo que está bien y lo que está mal. Como señalaba hace algún tiempo el autor británico y humorista Will Self, tras los atentados en Francia  a la sede de Charli Hebdo, 
“it’s the managed anomie of our society today, in which competing ethical codes are viewed as alternate lifestyle choices rather than stairways to heaven and hell that allows for a satire at once savage and toothless. (…) The paradox is this -if satire aims at the moral reform of a given society it can only be effective within that particular society, and, furthermore, only if there’s a commonly accepted ethical hierarchy to begin with” (“A Point of View: What’s the point of satire?”).
Por otro lado, desde una perspectiva más periodística, la creciente influencia de los enfoques satíricos sobre la actualidad puede llevar a una generalización de las visiones simplistas y distorsionadas de la realidad, que en materia política, por ejemplo, se transforma en polarización y cinismo. Un reciente artículo en el Journal of Communication concluye:
“Satirical news, as a form of embedding political information into entertaining formats, may serve as a gateway to engage individuals who are otherwise agnostic about politics more with the political process. Importantly, satire recipients might even engage more with counter attitudinal views and broaden their understandings of political issues. However, the downside may be that satirical news is undermining people’s sense of being able to influence politics and causing viewers to become more cynical about it, therefore adding to the polarization of attitudes in the electorate” (Silvia Knobloch‐Westerwick y Simon M. Lavis, “Selecting Serious or Satirical, Supporting or Stirring News?”).
Finalmente, en Internet la sátira y la parodia responsables son sustituidas a menudo por el libertinaje humorístico, que contribuye a la enorme confusión que existe en el mundo informativo en la era de las fake news. Como se comentaba ya hace algunos años en The Daily Beast
“With the shift to the web, the subjects of satire have been downgraded. Satirists once targeted the powerful and the famous. But now a growing number of satirical websites focus their barbs on dumb tabloid news—taking subjects that are silly to begin with, and constructing parodies that make them seem sillier. (…)The practice of deception is now so ingrained in the mindset of Internet-based satirists, that websites exist solely to differentiate between fake and real journalism. (…) ”. The purveyors of modern-day satire try to make every day into April Fools’ Day, into an occasion for tricking people with some barely plausible tall tale” (“The Death of Satire”).
Volviendo a Elon Musk, su alusión al negocio de la comedia entremezclado con sus grandes proyectos industriales es, cuanto menos, desconcertante. Pero es al mismo tiempo una muestra más de esa sociedad satírica en la que vivimos, y que incluso puede llegar a un mundo tan intocable para la sátira y la parodia como el mundo de los negocios. También en este caso, el humor mal orientado -lo sabemos bien por casos como el de Charlie Hebdo– puede tener consecuencias indeseables. Sea como fuere, merece la pena no dejar de prestar atención, y continuar reflexionando, sobre lo que John Clement Ball describe como “the risks and perils of satire’s unstable power in our heterogeneous societies” (“Capital Offenses: Public Discourse on Satire after “Charlie Hebdo”).
Publicado originalmente por Ángel Arrese en EYH Ideas

20 marzo 2013

Crisis en la Eurozona: Chipre

http://elpais.com/elpais/2013/03/17/vinetas/1363541117_340614.html
Forges para el Pais. 18/marzo/2013

En medio de la crisis de la Eurozona, ha cobrado  relevancia el papel de los expertos, tecnócratas y periodistas especializados que hagan un poco más digerible el maremágnum de noticias complejas para el común de los lectores. 


Muchos medios han optado por hacer decálogos para seguir el proceso. Expansión lo hizo el pasado lunes. Hoy, lainformación.com hizo lo propio con 7 posibles consecuencias del rescate a Chipre para un español.  

En cuanto a columnas de opinión, recomendamos las siguientes (por su claridad, sencilla y algunas, también por su ironía): 


Via Expansión:


Via Cinco Días:

Chipre: Episodio III de José Carlos Díez

Via El confidencial:


Via El Pais:


Via Cotizalia:


Una vez más, y desde que empezó la crisis en 2008 especialmente, son los medios y los periodistas los grandes pedagogos de esta situación. Gracias a ellos,  se comprende un poco lo que está ocurriendo. 



29 noviembre 2011

Crisis en la UE: quién debe a quién

Tres magníficos infográficos para explicar de forma visual los flujos de deuda entre países:


 The New York Times: It’s All Connected: An Overview of the Euro Crisis



 BBC News: Eurozone debt web: Who owes what to whom?


lainformacion.com: La gigantesca deuda europea: ¿quién debe a quién?

Cómo tener éxito en el periodismo económico

En The Reformed Broker leí ocho consejos para tener éxito en el periodismo económico. Me gustaron especialmente estos dos:
2) Help people understand complex issues. Break it down in easy to understand language. Why did Italy cause such a panic three days ago and then manage to borrow $150 billion no problem the next day. It’s because the headlines are just trying to scare people. Fear has replaced Scoops to drive circulation. Then it becomes a race to the bottom, who can scare people the most.
6) Tell a story. Don’t just give numbers. Tell a story of where the world will be five years from now and how we will get there, starting with the events happening today. As the story developes into the real world, you will have the fuel for more and more stories/articles.
El resto, aquí.

11 noviembre 2011

Nos mudamos

Desde hoy puede acceder a Periodismo Económico a través de la dirección www.periodismoeconomico.com o www.periodismoeconomico.es, aunque seguimos alojados dentro de blogger.

Si nos tiene en su lista RSS, le recomendamos que sustituya la actual URL en su gestor RSS por la siguiente: http://www.periodismoeconomico.com/feeds/posts/default.

Quizá durante algunas horas no funcionen adecuadamente los enlaces del blog pero confíamos en que el problema se resuelva en los próximos días.

06 noviembre 2011

Cómo hacer periodismo económico en un diario regional


FRANCISCO VILLACAMPA.- La redactora de la sección de Economía del Diario de Navarra, Pilar Morrás, ha compartido su experiencia profesional esta tarde en fcom con los alumnos del Seminario de Información Económica. Morrás lleva veinte años en este medio y se ha especializado en las noticias económicas, especialmente las relacionadas con información laboral.
Pilar Morrás y Alfonso Vara
Pilar Morrás y el profesor Alfonso Vara. Foto: F.V.
Morrás ha explicado que su labor principal consiste en acercar los asuntos económicos a los lectores del periódico, es decir, interpretar qué suponen los datos estadísticos en la vida corriente. Señaló también que es muy distinto trabajar en un medio local que en un periódico especializado en economía: “Tiene una parte más social que los periódicos salmones”.
En referencia a las fuentes señaló que los gabinetes de comunicación de las empresas muchas veces impiden que haya exclusivas: “Se tiende a controlar muchísimo la información”. Además, resulta difícil que los trabajadores aporten datos relevantes al periodista ya que “se están jugando el puesto”. Pero animó a los participantes a investigar, a procurar bucear en los datos, invitando a  “poner las fuentes oficiales en cuestión”.
Sobre la distinción con la versión web de su periódico, Morrás destacó que el periódico de papel debe estar más centrado en el análisis, ya que la información de actualidad está mucho antes en la versión online. Añadió que lo que más le gusta de la información económica es su flexibilidad: “Lo bonito del periodismo económico es que se puede saltar los géneros con mucha más facilidad” y la posibilidad de realizar entrevistas bien pensadas: “Me gusta mucho entrevistar. Eso sí, con tiempo”.
[Texto tomado de fcompass.es]

05 noviembre 2011

Baigorri: “La noticia económica tiene que ser positiva o negativa”

DANIEL VELASCO.- El periodista navarro de 29 años, Manuel Baigorri, que trabaja desde hace más de un año para Bloomberg en su corresponsalía de Madrid, desgranó el pasado 25 de octubre a los alumnos de la Universidad de Navarra los secretos de este tipo de información para su futuro profesional.
“En Bloomberg no hay puntos medios, los lectores tiene que tomar la decisión de comprar y vender, la noticia económica tiene que ser positiva o negativa. Las informaciones son sensibles porque la gente se está jugando mucho dinero”, explicó Baigorri.
La compañía estadounidense Bloomberg fue fundada en 1981 por el actual alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg. La empresa ofrece software financiero, datos y noticias. “Bloomberg monta la empresa para prever de información en tiempo real a gente que se dedica a la bolsa. Bloomberg News cubre noticias, reportajes, sobre todo ello. Se publica todo en el terminal, pantallas que se alquilan para los inversores”, reveló el periodista.

La agencia tiene unos 10.000 trabajadores con 150 corresponsalías en mas de 70 países y suma entre sus títulos dos revistas y una web: “tenemos otros medios como bloomberg.com, de acceso gratuito, luego tenemos también dos revistas, Bloomberg Markets, dirigida a la élite empresarial y multimillonarios, y Business Week que se adquirió en diciembre de 2009”, explicó Baigorri.

La columna vertebral de la redacción de Bloomberg está basada en las “5f”: first, fastest, factual, final y future, “first significa llegar el primero, factual publicar lo que es verdad, fastest ser los más rápidos, final que el lector no acuda a otras fuentes y future que lo que se publica tenga implicaciones en el futuro”, explicó Baigorri.

La información económica necesita un tratamiento diferente al de otras noticias que suelen publicarse en los diarios generalistas. No es lo mismo explicar un suceso que convertir el balance de resultados de un banco en noticia y para ello Bloomberg tiene su propio estilo de lead o paragraph divido en cuatro partes:
“En el primer párrafo ponemos cuál es el tema de la noticia, en el segundo se contextualiza lo dicho en el primero, el tercero incluye declaraciones, y finalmente en el cuarto se desgranan las implicaciones que puede tener esa información”. 
La presión de trabajar en una de las publicaciones más importantes en información financiera es máxima, en este sentido Baigorri afirmó: “Al ser un servicio que permanece abierto los 365 días del año, las 24 horas del día, el nivel de exigencia es alto, por ello a todos los que trabajamos en Bloomberg se nos mide la productividad de nuestro trabajo y el control es amplío”, aunque puntualizó que “no os penséis que es una cárcel, es una suerte poder trabajar en una empresa puntera y poder conocer a gente importante del sector”.